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DIALOGAR O SER EJECUTIVO

"El aula más peligrosa de todas es la que está cerrada" fue la fulminante frase con la que Horacio Rodríguez Larreta se desligó de la decisión tomada por el Gobierno Nacional de suspender la presencialidad en las escuelas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), y sostuvo firmemente que nadie le consultó acerca de dicha resolución.

Al comienzo de la pandemia, los principales funcionarios políticos del país -independientemente de su ideología o fuerza política de pertenencia- se esforzaron por promover el diálogo, el consenso y la cooperación para hacer frente a la emergencia sanitaria, e incluso mostraron señales de trabajo en equipo -como por ejemplo, realizar los anuncios quincenales de nuevas medidas de manera conjunta-. Tanto el Presidente de la Nación como el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires escribían en sus redes sociales y anunciaban en sus discursos frases como: “Hoy más que nunca necesitamos ser eficientes y trabajar en equipo” o “En la adversidad debemos estar más unidos que nunca


A medida que pasaron los meses, comenzaron denuncias por parte del Gobierno de la Ciudad sobre el quiebre en este diálogo. El primer caso que marcó un punto de inflexión en la relación Nación-Ciudad o Frente de Todos-Juntos por el Cambio fue la emisión de la normativa 735/2020 que anunciaba la reducción de la coparticipación federal de la Ciudad de Buenos Aires, el 9 de septiembre del 2020. En palabras del vicejefe de Gobierno Porteño, Diego Santilli, fue a partir de ese momento que “el diálogo entre Larreta y el Presidente quedó lesionado”. El Gobernador de la Ciudad afirmó que se trató de “una medida improvisada, intempestiva e inconsulta” y decidió recurrir a la Corte por considerarla inconstitucional, pero igualmente, siguió sosteniendo la importancia del trabajo conjunto debido a que la pandemia estaba por encima de todo.

Adentrados ya en lo que podemos denominar como la “segunda ola” de COVID-19, con nuevas medidas para frenar los contagios, Larreta expuso una situación similar -especialmente ante la decisión de suspender la presencialidad en las aulas-. Sostuvo otra vez que no se le había consultado acerca de esta medida e invitó públicamente al Presidente de la Nación a conversar sobre la misma. Si bien no tiene más remedio que acatar las resoluciones del Gobierno Nacional, el referente de Juntos por el Cambio presentó un Amparo y se mostró dispuesto a hacer lo posible para que vuelvan las clases presenciales.


El objetivo aquí no es especular sobre si serán correctas o no las medidas implementadas para frenar el virus, sino más bien exponer la disyuntiva entre ser ejecutivo y actuar lo más rápido posible u optar por el diálogo y la cooperación para hacer frente a la pandemia. ¿Cuál es el camino más eficiente para transmitirles a los ciudadanos mensajes de esperanza, tranquilidad y control?

Un artículo presentado por el PNUD en 2009, llamado “Importancia del Diálogo para la Prevención de Conflictos y la Construcción de Paz”, sostiene que “el diálogo reúne a un conjunto diverso de voces para crear un microcosmos de la sociedad en general” y agrega que “para lograr un cambio sostenible, las personas deben desarrollar un sentido de apropiación común del proceso y convertirse en partes interesadas en la identificación de nuevos enfoques para abordar retos comunes”. En una emergencia de tal magnitud, que nos involucra a todos por igual, es crucial que se sostenga un intercambio de opiniones de forma tal que tanto los funcionarios como ciudadanos de nuestro país se apropien del asunto y tomen la responsabilidad que el caso requiere, teniendo en cuenta todos los aspectos y consecuencias sanitarias, económicas y sociales que la pandemia conlleva, sean individuales o colectivas.


Pero el diálogo tiene una gran desventaja, que sale a la luz aún más ante casos de emergencia: tomar una decisión conjunta lleva mucho más tiempo. Lógicamente, una decisión en manos de pocas personas se resuelve de manera más sencilla, y posiblemente exponga una menor heterogeneidad del pensamiento.


El objetivo aquí no es especular sobre si serán correctas o no las medidas implementadas para frenar el virus, sino más bien exponer la disyuntiva entre ser ejecutivo y actuar lo más rápido posible u optar por el diálogo y la cooperación para hacer frente a la pandemia.

El gran desafío se encuentra en la posibilidad de congeniar la ejecutividad y el diálogo en un contexto que nos pide decisiones inmediatas, precisas, acertadas y efectivas.


Por Iael Gueler para INGOB.

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