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EL DILEMA DE ARTICULAR LAS ELECCIONES Y LA PANDEMIA

La pandemia trajo consigo efectos colaterales inéditos y dio lugar a controversias muy poco habituales en la historia democrática de nuestro país. Una de ellas fue la que surgió a partir de la propuesta de poner en pausa el calendario electoral y suspender las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias). Para este año estaba pautada la celebración de elecciones legislativas nacionales y provinciales en once distritos, la elección de dos cargos de gobernación y cargos de concejales y jefes comunales, pero debido a la emergencia sanitaria, el gobierno presentó un plan para, por “única vez”, reformar el calendario electoral.

Aunque la Constitución Nacional no registra ningún impedimento para modificar la fecha de elecciones, la idea de suspenderlas generó amplios debates entre los principales referentes políticos del país, ya que hacerlo podría significar la limitación de un derecho fundamental -sino el principal- del régimen democrático: el derecho a voto. De aquí surge un interrogante que fue recurrente en la agenda pública desde la llegada del COVID-19: ¿Se puede controlar el avance del virus sin por ello restringir ciertos derechos cívicos?, y más precisamente en este caso: ¿Se puede organizar la vuelta a los comicios, garantizar los derechos políticos y mantener la participación electoral sin poner en riesgo la salud de la población?


Debido a que la pandemia es un fenómeno que atraviesa al mundo, otros países ya pasaron por el mismo dilema. Según los datos del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA), ya fueron más de 70 elecciones -ya sean ejecutivas o legislativas- las que han sido pospuestas, y contrariamente, más de 110 las que se han realizado de todas maneras. El gráfico siguiente exhibe una tendencia a posponer los comicios en los primeros meses de 2020, y muestra una reversión a partir del segundo semestre.

Fuente: Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (https://www.idea.int/es/news-media/multimedia-reports/panorama-global-del-impacto-del-covid-19-en-las-elecciones)


Algunos países que optaron por realizar las elecciones lo hicieron adaptando sus formatos, por ejemplo, incrementando el voto por correo o promoviendo el voto electrónico -mecanismos que funcionan en muchos países de Europa y en Estados Unidos- Un caso a destacar es el de Estonia, que inventó un sistema de voto por internet llamado “I-voting”-. La realidad es que si bien ciertos funcionarios argentinos han propuesto la implementación del voto electrónico, e incluso fue uno de los principales proyectos que propuso Mauricio Macri durante su mandato, todavía no se ha logrado un consenso para la implementación de este tipo de herramientas.

De cara a tomar una decisión sobre el asunto, si bien la famosa “grieta” se hizo notar, la postura no fue totalmente homogénea de uno u otro lado. Particularmente en la oposición, algunos sospecharon que la idea de posponer o suspender las PASO se trataba de una medida de estrategia política más que de emergencia sanitaria, debido al deterioro de la imagen de Alberto Fernández (según la “Encuesta de Opinión Pública en Argentina” realizada por la consultora Giaccobe y Asociados, su imagen cayó 7,8 puntos respecto de diciembre del año pasado, teniendo ahora un 60,1% de imagen negativa), mientras que otros se encontraron dispuestos a negociar una postergación de las mismas.


¿Se puede controlar el avance del virus sin por ello restringir ciertos derechos cívicos?, y más precisamente en este caso: ¿Se puede organizar la vuelta a los comicios, garantizar los derechos políticos y mantener la participación electoral sin poner en riesgo la salud de la población?

Finalmente el bloque opositor decidió apoyar el pedido del Gobierno para aplazar un mes las PASO y las elecciones de medio término. Además de analizar si esta medida será efectiva para disminuir los contagios, podemos especular sobre los cambios que provocará en los resultados. En la historia de nuestro país ya hemos experimentado modificaciones en el calendario electoral -como la decisión de Alfonsín en 1989 de adelantar el proceso electoral- pero... ¿Qué ocurrirá en este caso? ¿Podrá el presidente, gracias al mes de diferimiento, cambiar la tendencia decreciente en su imagen? ¿Esta medida resultará positiva en términos electorales para el oficialismo o para la oposición?


Por Iael Gueler para INGOB.

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