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HAY UNA GRIETA EN MI CORAZÓN

Cada vez se siente más cerca. Si todavía se habla de política en las reuniones con familiares o amigos, seguro la nombraremos varias veces. Ningún periodista tuvo reservas en apelar a esta idea para explicar algunos de los males de nuestra realidad política. Hablar de la grieta se puso de moda, pero de novedosa no tiene nada.


Esta rivalidad destructiva entre antagonismos radicalizados se ve claramente en la historia de nuestro país y apunta a las bases de un sistema que sigue reproduciéndose hasta hoy: el Partido Autonomista Nacional y el radicalismo, el radicalismo y el peronismo. Nada nuevo bajo el sol, ¿no?


Históricamente, las oposiciones surgían como un reclamo, una necesidad insatisfecha. Eran el resultado de una una parte de la sociedad carente de representación en pleno proceso de modernización. Pasado este proceso, la grieta parece seguir condicionando la vida política argentina, pero también a nuestra visión dicotómica de la sociedad.


Entre la discordia, la ampliación de la representación, las disputas ideológicas y una pelea constante por un electorado cada vez más volátil, las estrategias de comunicación no parecen haberse transformado. Por un lado, en países donde no existe tal polarización ideológica, la tendencia es el equilibrio democrático. Mientras que, por otro, en países como Argentina la polarización se vive como un desestabilizador natural.


Esta polarización es usada y aprovechada por la clase dirigente desde el discurso, pero es discutible si las opciones se encuentran tan polarizadas en términos de gestión gubernamental.


Alberto Fernández, al momento de su asunción, mencionó que “venía a cerrar la grieta”, y tardó sólo un par de meses en referirse a un sector de la sociedad como “odiadores seriales”.
Cafiero, Jefe de Gabinete del oficialismo, mencionó sobre el #12O, el último banderazo autoconvocado, que los manifestantes “no son 'la gente', no son todos, no son 'el pueblo', no son la Argentina”.

El hecho de que este recurso siga manteniéndose en boga es porque se ha mostrado viable para algunas alternativas políticas, como un medio para mantener a los argentinos divididos, para definir una identidad por oposición, hacer campañas electorales y para obtener una relativa lealtad electoral.


Un ejercicio que tenemos por delante los argentinos es admirar la grieta como un fenómeno que existe por conveniencia política, fogoneada por quienes detentan el poder, como un juego de suma 0 al que nos invitaron a participar.


Nos debemos una observación sobre la implementación de políticas detrás del juego de la comunicación, sólo así podríamos analizar si lo que ofrecen los proyectos políticos, está tan alejado como su discurso.



Por Azul Cappo, para INGOB.

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