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LA ARGENTINA BAJO EL COMPLEJO DE PENÉLOPE

Durante veinte años, Penélope esperó a que su marido volviera de la guerra de Troya sin abrirle las puertas de su corazón a un nuevo hombre.


La estrategia de Penélope para mantener alejados a sus pretendientes era, sin dudas, inteligente e innovadora. Decidió sentarse a tejer un telar, prometiendo a todos los caballeros de su reino que, una vez finalizado, asumiría que su marido jamás volvería y se mostraría dispuesta a empezar una nueva historia de amor.


Penélope tejía a un ritmo pausado, avanzando línea tras líneas. Aunque al caer la noche, decidida a no terminar jamás ese telar y a esperar para siempre a su marido, deshacía cada uno de los puntos que horas antes había tejido.

Al analizar esta historia, el campo de la psicología pone el foco en las emociones y denomina Complejo de Penélope a la incapacidad que algunas personas tienen para olvidar a un amor, quedando por mucho tiempo atrapadas por un recuerdo. En cambio, el campo de la Ciencia Política moderna toma esta historia para definir la agobiante tendencia de los gobiernos a deshacer absolutamente todo lo realizado por sus predecesores.


Tras un nuevo cambio de gobierno, la Argentina se enfrenta una vez más a su Complejo de Penélope. Si bien la historia de nuestro país estuvo siempre atravesada por la ausencia de un proyecto colectivo sostenido, promovido y consensuado entre todas las fuerzas políticas, la hiper-polarización y la agudización de las diferencias ideológicas entre las dos coaliciones mayoritarias pone en riesgo el telar de la Argentina y las pocas lanas positivas que se tejieron durante la presidencia de Mauricio Macri.

El campo de la Ciencia Política toma esta historia para definir la tendencia de los gobiernos a deshacer absolutamente todo lo realizado por sus predecesores.

El caso más representativo, quizás, podemos encontrarlo en materia de seguridad pública. En términos estadísticos, la mejora de los índices de seguridad fue uno de los grandes avances del gobierno anterior. Sin embargo, con el cambio de gobierno se derogaron protocolos y reglamentaciones que apuntaban a otorgarle a las fuerzas de seguridad el respaldo necesario para cumplir con la noble misión de cuidarnos a todos. Si un policía que arriesga su vida todos los días no se siente apoyado por la cabeza del Ministerio de Seguridad, difícilmente pueda sentirse seguro enfrentando el delito.


Otro caso que debería alarmarnos a todos los argentinos, independientemente de nuestras ideas políticas, es la puesta en suspenso de la Ley de Economía del Conocimiento, una regulación votada mayoritariamente por todos los bloques y que es fundamental para el desarrollo de nuestro país. En un mundo completamente globalizado y atravesado por la tecnología, despreciar el potencial que tiene la Argentina en las industrias creativas, tecnológicas, de software y de servicios podría hasta considerarse un boicot a los sectores con mayor competitividad y capacidad de generar riqueza y trabajo.

Y si abandonamos el paradigma moderno por tan solo unos segundos, los sectores tradicionales también se encuentran lidiando con su propio Complejo de Penélope. Mientras que a mediados del 2019 celebrábamos con orgullo el acuerdo Mercosur – Unión Europea, que construía puentes comerciales con un mercado de más de 800 millones de personas, la vigencia e implementación del acuerdo en estos primeros meses del 2020 es todavía una incógnita que llena de incertidumbre el futuro comercial de nuestro país.


A pesar de que las similitudes, entre Penélope y la Argentina existe una diferencia sustancial que debería invitarnos a una profunda reflexión. Penélope tenía un objetivo. Penélope tenía un horizonte hacia el cual avanzaba con distintas acciones y estrategias pensadas cuidadosamente en función de aquel anhelo. Y después de mucho esfuerzo, obtuvo el resultado deseado: Ulises regresó.


La Argentina, en cambio, carece de un objetivo consensuado entre todos los actores que inciden en la vida política y estratégica de la nación. Y es por esto que, gobierno tras gobierno, se teje y desteje el telar con una abundante improvisación y una fuerte carga ideológica que nos impide tomar las decisiones objetivas que necesitamos para crecer y progresar.

A pesar de que las similitudes, entre Penélope y la Argentina existe una diferencia sustancial que debería invitarnos a una profunda reflexión.

El equilibrio de fuerzas políticas existentes, sin embargo, abre una puerta de esperanza. Mientras que en otros tiempos históricos la fragmentación partidaria exigía una mesa con demasiadas sillas para alcanzar un acuerdo, hoy, con tan solo una mesa de café y un par de dirigentes de peso de ambas coaliciones, se podrían empezar a delinear algunos consensos básicos para que la Argentina camine hacia un horizonte de desarrollo.


Sin dudas es una tarea que deberán protagonizar los dirigentes, pero está en las manos de cada ciudadano alzar la voz y exigir el final de la grieta y de la excesiva ideologización de las políticas públicas. Caso contrario, Penélope seguirá amenazando como un fantasma el futuro de nuestro país.


Por Federico Rivas para INGOB.

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